Para
que el cerebro funcione bien necesita alimentarse, pero ¿sabemos qué le
conviene más? Anota estas pautas
Hay
quien afirma que con el estómago vacío es incapaz de pensar y puede que los que
así se sienten estén en lo cierto, pues para poner en marcha la materia gris
hay que proporcionarle el combustible que necesita mediante la comida. Al
cerebro hay que cuidarle, por tanto, no sólo obligándole a trabajar
intelectualmente, sino vía alimentación. Una de las sustancias que le resulta
imprescindible, al estar directamente relacionada con el funcionamiento de las
neuronas, es la glucosa. De ésta el cerebro absorbe el 30 por ciento de todo el
organismo, según María Sagrario Manzano Palomo, miembro de la Unidad de Estudio
de la Cognición y la Conducta del Servicio de Neurología del Hospital Clínico
San Carlos (Madrid), pero como nuestro órgano pensante no puede almacenarla
necesita un aporte continuo de este elemento, añade Pablo Irimia, del
Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra. La glucosa
puede encontrarse en los compuestos químicos denominados glúcidos, hidratos de
carbono o carbohidratos. Existen dos tipos, los glúcidos de absorción lenta o
carbohidratos complejos que se encuentran en el pan, la pasta, los cereales y
las patatas, y los de absorción rápida o simples: dulces, bebidas azucaradas…
Los más recomendables son los primeros porque "tienen un periodo digestivo
largo y liberan niveles más consistentes de glucosa con más lentitud y
regularidad", explica la escritora Harriet Griffey en su obra Concéntrate. Por el contrario, los hidratos de carbono
simples (mermelada, dulces, etc.) se han de ingerir con moderación. Griffey
asegura en su libro que la fluctuación de los niveles de glucosa puede reducir
la capacidad cerebral de trabajar eficientemente. Aparte, esto contribuye a la
irritabilidad o confusión de bajo nivel al reaccionar ante dichas
irregularidades que acrecientan la imposibilidad de fijar la atención y
concentrarse. Además, "está demostrado que situaciones de ayuno (niños que
no desayunan, por ejemplo) conllevan un menor rendimiento o falta de
concentración", matiza Jesús Román Martínez, presidente de la Fundación
Alimentación Saludable.
La
ingesta de proteínas (clara de huevo, lácteos, pescados y carnes) forma parte
de este proceso, ya que además de estabilizar los cantidades de azúcar en la
sangre, proporcionan aminoácidos vitales para las células y los
neurotransmisores. Los aminoácidos son esenciales para el cerebro, como el caso
del triptófano, un aminoácido esencial que segrega serotonina (regulador del
sueño y la sensación de placer), por lo que su carencia puede ocasionar, entre
otras cosas, ansiedad, explica Geles Duch, nutricionista del grupo Gan.
Las
vitaminas y minerales resultan también esenciales para la estabilidad de este
órgano. Un consumo insuficiente de vitaminas B1, B6 y B12 puede
provocar enfermedades neurológicas graves. La vitamina E —presente en el germen
de trigo aceite de oliva, legumbres o yema de huevo— tiene efectos
antioxidantes, lo que contribuye a conservar la agudeza cerebral. En cuanto a
los minerales, destaca el hecho de que una escasez de hierro en niños se ha
asociado con apatía, escasa capacidad para mantener la atención, irritabilidad
y dificultad en el aprendizaje.
Los
ácidos grasos poliinsaturados omega 6 (aceites vegetales como el de girasol) y
omega 3 (pescado azul, nueces y aceite de oliva, principalmente) son también
importantes, aunque las últimas informaciones apuntan a que los beneficios de
los últimos son mayores. Para Román "ambos forman parte de las células de
nuestro organismo incluyendo el sistema nervioso". Sin embargo, según el
nutricionista se ha demostrado que la ingesta de ciertas cantidades de omega 3
es necesaria durante el crecimiento y diferenciación cerebral para su correcta
funcionalidad.
El
agua, fuente de vida, lo es también del cerebro. Expertos del Observatorio de
Hidratación y Salud aseguran que la disminución del grado de hidratación se
relaciona con la ralentización general del funcionamiento cognitivo. Esto se
traduce en un aumento de errores de percepción y semánticos, fallos de memoria
y en la puntuación de vocabulario. Además, la retención de cifras y el
razonamiento, se ven igualmente afectados por este fenómeno. Por lo tanto, para
mantenerse despierto hay que beber agua.
Omega 3
El
ácido docosahexanoico (ADH) es fundamental para la formulación del cerebro y el
ácido eicosapentaenoico (AEP) para su capacidad de funcionamiento, apunta la
escritora Griffey. Ambos se encuentran en los ácidos grasos omega 3. Éstos
también ayudan a controlar el colesterol y aumentan la capacidad de dilatación
arterial lo que contribuye a impedir la progresión de ateroesclerosis
(trastorno en el que deposita material graso a lo largo de las paredes de las
arterias alterando el funcionamiento de las mismas).
Antioxidantes
La
mejor manera de combatir los radicales libres y prevenir la oxidación celular
beneficiando así al funcionamiento del cerebro, es mediante la incorporación de
frutas y verduras a la dieta. Un grupo de investigadores del Instituto de
Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Heinrich-Hein (Düsseldorf),
ha demostrado que un consumo adecuado de estos productos favorece la capacidad
de generar antioxidantes naturales y de presentar un mejor comportamiento
intelectual. "Estos resultados son decisivos a la hora de prevenir
enfermedades degenerativas, como por ejemplo el alzhéimer u otras
demencias", aseguran los entendidos.
Vitamina
B1, B6 y B12
La
deficiencia de vitamina B1 causa beriberi, una enfermedad que se caracteriza
fundamentalmente por problemas de sensibilidad en las extremidades, apunta
Pablo Irimia a Estar Bien. En el cerebro, el déficit de esta vitamina puede
ocasionar enfermedades como la encefalopatía de Wernicke, que consiste en un
trastorno de memoria grave. La vitamina B1 puede encontrarse en frutos secos,
cereales, leguminosas, carnes (cerdo y vacuno) y huevos. La vitamina B1 es
fundamental para que los hidratos de carbono y la glucosa puedan metabolizarse.
Los
déficits de vitamina B6 generan alteraciones en los nervios periféricos que se
manifiestan a través de hormigueos en brazos y piernas, y dermatitis. Está en
germen de trigo, carnes (cerdo y vacuno) y vegetales.
Si se
carece de vitamina B12 es posible padecer anemia -con los síntomas normales de
fatiga y apatía-, trastornos de memoria y problemas en los nervios causando
hormigueos y trastornos de sensibilidad. Los principales alimentos ricos en
vitamina B12 de origen animal son las carnes en general y más concretamente
alimentos como el hígado y los riñones. Los vegetarianos estrictos deben tomar
suplementos de esta vitamina, ya que es imprescindible para la síntesis de
ácidos nucleicos y la reparación de la mielina, una sustancia que recubre los
nervios periféricos.
Muy buena información =)
ResponderBorrarGracias Lourdes espero le haya servido
ResponderBorrarImportante información para nutrir siempre a nuestro cerebro y cuerpo.
ResponderBorrarMuchas Gracias Licenciada espero le agraden las nuevas entradas que están por venir
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